BACTERIOSIS O MAL SECO DEL NOGAL

BACTERIOSIS O MAL SECO DEL NOGAL

Xanthomonas arboricola pv. juglandis (Pierce) Vauterin et al.

Descripción

Recibe también el nombre de tizón bacterial del nogal. Es una enfermedad bacteriana muy difundida en Europa, América y Oceanía, de importancia considerable.

El organismo causante es Xanthomonas juglandis, se trata de una bacteria de 0,5-0,7 por 1,1-3,8 micras, móvil, con un flagelo polar, gramnegativa, con una temperatura óptima de desarrollo de 28-32 °C.

Esta bacteria penetra en la planta a través de los estomas de las hojas y las flores, y principalmente a través de las heridas producidas por los insectos, el hombre o los agentes atmosféricos (viento, helada, granizo). Entre los insectos, el taladro (Cossus o Zeuzera) es el más peligroso, pues las galerías que practica su gruesa larva, además de las heridas que provoca, debilita las ramas, que son más fácilmente rotas por el viento.

El hombre es causa directa con la perniciosa costumbre de la recogida del fruto por vareo, que es motivo de la rotura de numerosas ramas.

Síntomas y daños

El ataque puede realizarse en las ramas, las hojas y los frutos.

En las ramas de dos o tres años, el ataque se manifiesta por unas manchas oscuras longitudinales y hundidas. La rama queda raquítica y al continuar el curso de la enfermedad, se forma un chancro, la corteza se agrieta y la parte leñosa de la rama queda también fuertemente dañada. En las ramas más jóvenes, los ataques son más importantes aún, ya que la lesión alcanza toda la sección y las seca.

En las hojas, el ataque puede afectar al limbo, y en este caso aparecen manchas irregulares, angulosas, negruzcas, que crecen y llegan a juntarse en ocasiones. Si la mancha alcanza suficiente extensión, la hoja se seca y cae. Otras veces el ataque lo sufren las nervaduras, las hojas presentan un desarrollo anormal, se repliegan y caen.

Los ataques más importantes son los del fruto, que se producen en cualquier momento de su desarrollo. Si los frutos son pequeños, se invade la parte apical, ennegreciendo el pericarpio y extendiéndose a veces a todo el fruto, el cual se seca, momifica y cae. Si el fruto está más desarrollado, se forman manchas ennegrecidas y hundidas, aisladas o confluentes, con una separación neta entre la parte sana y la enferma. Es frecuente que el ataque afecte no sólo al pericarpio, sino que penetre en el fruto y llegue hasta los cotiledones de la semilla, perpetuando así la enfermedad.

Seguimiento y estimación de riesgo para el cultivo

Detección visual de síntomas en hojas, madera y frutos.